Consideraciones sobre la eutanasia

Quería establecer en pocas palabras una distinción que a la vez es común y problemática con respecto a los términos de no tratamiento y tratamiento para acelerar el proceso de la muerte. Parecen dos cosas distintas aunque en realidad forma la cara y cruz de una misma moneda. En la cultura occidental los principios de autonomía y elección traen consigo implícitos el derecho de los ciudadanos para aceptar o rehusar tratamiento médico. Sin embargo estos principios podemos deducir de todo esto que estos principios también implican que la persona tiene derecho a optar por poner fin a su propia vida a través de la eutanasia. Bien, por un lado tenemos lo que se conoce por eutanasia pasiva y la eutanasia activa, hay que hacer esta distinción que presenta algunas dudas, ambigüedades, etc. Aquí hay que atacar o abordar cosas que permitan diferenciar distintos grados de alcanzar un mismo objetivo que es la muerte. Bien, cuando por ejemplo permitimos que la muerte llegue de una forma directa o indirectamente relacionada con la terminación del tratamiento, la asistencia médica y la diferencia por ejemplo de llegar a la muerte mediante una terminación directa de la vida mediante una inyección letal, por ejemplo.

Esta distinción lleva a importantes discusiones de tipo jurídico, moral y ético, aunque por ejemplo en estas situaciones donde la muerte pasiva, es decir dejar morir, está muy arraigadas y muy aceptadas por la opinión pública por ejemplo, hay que establecer una distinción entre muerte permitida natural y muerte, perdón, terminación de la vida por terminación de la asistencia, es decir hay que buscar lo que es extraordinario y lo que es ordinario. Hay distinciones especificas entre no tratar y dejar morir y tratar para morir, hay diferenciación entre causa y efecto y que hay que regular. El argumento, por ejemplo que el acto que produce un resultado similar cuando se hace con intención para llegar a la muerte de un paciente de forma ilícita, es asesinato y por tanto la ley lo regula con la ley y sin embargo, por ejemplo el aminorar la vida mediante, pues por ejemplo la gente que tiene respiración asistida o mantenida artificialmente en la vida, cuando se les desconecta el resultado es el mismo conduce a la muerte acelerada del paciente y sin embargo el tratamiento jurídico y ético es completamente distinto, el que se le da. Por tanto, hay que regular esto; una cosa es, por ejemplo, en el campo de prescripción médica, hay una diferencia clara entre prescribir un fármaco letal se considera o tiene, es percibido de forma diferente tanto por la justicia como por la sociedad que el administrar un fármaco que puede ser letal. Entonces los tratamientos son diferentes y las percepciones de estos conceptos son distintos. Y yo creo que hay que distinguir entre si una persona que opta por no ser tratada y esperar el desarrollo de acontecimientos naturales hasta llegar la muerte se debe de considerar como un suicidio, por ejemplo cuando en estados de sedación por enfermedad terminal no se cubren los aspectos nutritivos del paciente, es decir se le deniega la nutrición al paciente, es también un hecho que podría quedarse “borderline” con estos aspectos éticos que regulan la aceleración de una muerte. Entonces tenemos que buscar un mismo objetivo a la hora de definir los aspectos jurídicos y éticos, tanto de la eutanasia como de la reproducción artificial; ambos tienen que ir orientados hacia el mismo objetivo y a partir de esa diferenciación conceptual tratar de definir los marcos jurídicos, éticos y constitucionales de las personas.

Si un médico, debido a su juramento hipocrático tiene que curar al paciente, ¿porqué no se le obliga a aplicar ese juramento hipocrático cuando un paciente rehusa ser tratado, no para mejorar, sino para hacerle sufrir un poco menos en su estado terminal? Yo pienso que todas estas cosas que están al parecer muy separadas, están muy relacionadas entre si. Hay que cambiar toda esta cultura, porque cuando la idea tan arraigada por parte de los médicos de no aplicar un tratamiento terapéutico porque el paciente está rechazando esa asistencia no es eutanasia, ¿no entienden esto como una eutanasia pasiva o como lo quieran llamar? Entonces hay que buscar un compromiso pragmático que conjugue los hasta ahora conflictivos argumentos que están sobre la mesa. Estamos ahora mismo en una sociedad que, por un lado, está llegando hasta el extremo de la veneración sacrosanta del principio de la vida humana, es decir, que la vida es un derecho inalienable. Y por otro lado, estamos discutiendo cosas como la eutanasia pasiva, el aborto, etc. Yo creo que esto tiene que regularse de una forma clara.

Hasta ahora hemos encontrado normativas y leyes que, en base a una corriente u otra, establecen lo que es lícito e ilícito en el caso del suicidio, eutanasia pasiva, manejo del dolor, etc., en el tema de la eutanasia pasiva y del suicidio asistido, por así decirlo, que se basan en la aplicación de tratamientos paliativos del dolor, manejo del dolor y otros sistemas de apoyo. Otro escepticismo que se ventila es quizá la voluntariedad a la que se deja el tema de la suicidio asistido en las demandas de terminación de la vida de una manera rápida; muchos pacientes que piden que se acabe con su vida, que se les de un tratamiento que permita su éxito inmediato, y hay como diríamos, una cierta ambigüedad con respecto a las actitudes de las personas involucradas, porque, por ejemplo, hay gente, médicos especialmente, que dicen que es ilegítimo proceder a una actuación así, a pesar de que el paciente en su derecho individual y autónomo lo pueda exigir, porque el paciente, a causa de su enfermedad, en estado de terminalidad puede estar sufriendo confusión mental, deterioro de su consciencia, etc. Ahora mismo mucha de la legislación existente en algunos países con respecto al suicidio asistido, el no tratamiento de los pacientes bajo petición expresa, etc. se hace en base a estos argumentos que son confusos, que se están haciendo sobre todo en países desarrollados y más ocupados con problemas que relacionan la salud desde la perspectiva coste-beneficio, etc. Pero entonces ¿qué pasa con los otros colectivos que quedan fuera de este campo de acción de la oferta y la demanda, del mercado por así decirlo, los solitarios, los marginados, y otros?

A fin de evitar todo esto, hay que trabajar a partir de dos preceptos de la condición médica en lo relativo a la muerte asistida, de forma tal que a partir del propio juramento hipocrático, a partir de los preceptos básicos por los que ha de regirse el médico en su profesión podemos quizá abrir la vía a la globalización de este concepto de muerte asistida, terminación artificial, etc. Con respecto a las comunidades religiosas, de toda índole, que abanderan la sacrosanta condición de la vida como un hecho ajeno al humano y más en las manos del ente superior, también tienen una especie de vacío en cuanto a ética y códigos que deben aplicarse en sus respectivas comunidades o sociedades en las que este hecho, que poco a poco es un hecho social, una demanda, aunque quizá en casos aislados, etc.

Hay que ver el tema desde la perspectiva comunitaria, y aquí la intervención del Estado con respecto a la libre opción de los individuos que componen ese Estado es importante a la hora de proteger todos aquellos aspectos que son relevantes; tanto los que abogan como los que rechazan la muerte asistida tienen algunos puntos de encuentro, y puede ser, por ejemplo, que acuerdan que la vida de la persona tiene que tener garantías, de unos mínimos de confort, de calidad que permitan su subsistencia, su continuidad hasta que la muerte, el proceso terminal, es decir el exitus, aparezca de forma natural, con lo cual hay que incorporar a esos procesos de mantenimiento hasta que el proceso natural final aparezca. Los paliativos, los medios que mejoren en realidad la calidad de vida del paciente son tanto derecho como obligación. Y yo creo que es la línea por donde hay que empezar a trabajar, tratando de buscar soluciones dentro de ese acuerdo inicial entre ambas partes confrontadas, permitiría evitarle en primer lugar a las sociedades el tema de la prohibición absoluta sin tener en cuenta otro tipo de consideraciones y permitiría el flexibilizar la practica médica conjugándola con los derechos individuales y constitucionales de los individuos. También hay que decir que es un derecho inalienable a toda persona, a todo individuo, el tener un control absoluto del momento de que va a morir, y eso es lo que hay que regular ahora mismo con la muerte asistida.

ACTA Nº 2
GIJÓN (España), Reunión del Comité Científico de 27-28/11/98

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