Juan R. Lacadena (España)

El comienzo de la vida: el Estatuto del embrión


      Antes de pasar a algunos temas concretos, me gustaría hacer unas reflexiones generales. En primer lugar que el comienzo de la vida humana significa el planteamiento de dos cuestiones fundamentales. Una primera cuestión es cuándo empieza una nueva vida humana y la segunda cuestión es, cuándo esa vida humana, una vez que ha comenzado, podemos decir que está individualizada. Y estas perspectivas o estas dos preguntas se pueden analizar desde una perspectiva puramente biológica, desde una perspectiva genética, desde una perspectiva de comparación y valoración de lo que supone el desarrollo embrionario con respecto al término (que es ya el individuo nacido), y desde el punto de vista filosófico, lo que en términos de la filosofía zubiriana significaría decir que ese ser en desarrollo ha alcanzado ya la suficiencia constitucional, que es cuando Zubiri diría que ya tiene la personalidad. Hay quien dice que la persona humana “es” desde el momento mismo de la fecundación; hay quien dice que la persona humana es muchisímo más tarde... Bueno, pues dentro de ese rango y ese abanico de opiniones, o de creencias o de opciones, efectivamente, pues ello hace referencia exclusivamente a cómo aplicar la filosofía zubiriana. Yo, desde ya, digo que no soy filósofo, por tanto no voy a poder defenderla, porque no sé más de lo que he tratado de aprender para hacer este razonamiento, pero que creo que es muy sugerente.

      Otro planteamiento inicial que es importante, es que cualquier proceso biológico -tanto a nivel molecular como el extremo opuesto que sería a nivel de evolución- cualquier fenómeno biológico es un fenómeno continuo, es decir, la continuidad de cualquier proceso biológico. Lo cual significa que hay una imposibilidad real de definir en cualquier momento el antes y el después, porque por ejemplo cuando estemos hablando del embrión y nos estemos refiriendo a los famosos catorce días después de la fecundación, pues naturalmente la pregunta o el comentario que siempre se hace... y porque no son trece y por que no son quince, o porque no son catorce menos unas horas o catorce más unas horas. Cualquier proceso biológico es continuo, e incluso cuando se habla de la fecundación, ¿cuándo es la fecundación?, ¿cuándo empieza la aproximación del espermatozoide a la zona pelúcida para introducirse dentro del ovocito? ¿cuándo se libera el pronúcleo masculino en ese citoplasma? ¿cuándo empieza la división? En fin, en cualquier situación será difícil responder al momento exacto. Creo que es imposible hacerlo. Sin embargo, también es muy importante el hecho de que cualquier proceso biológico sea continuo, eso es compatible con la emergencia instantánea de propiedades nuevas. Ahí se pueden poner ejemplos que son de fácil comprensión. Podemos tener por ejemplo dos moléculas químicas, dos proteínas que cada una por separado tiene unas propiedades, unas características y una funcionalidad. Si unimos esas dos proteínas aparece una nueva función absolutamente distinta de la que tenía antes, por separado y sin embargo ha sido un proceso continuo el de la unión o interacción de esas dos proteínas. Entonces eso quiere decir que dentro de esa continuidad de un proceso de desarrollo pues habría que aceptar que, que puedan aparecer de forma instantánea propiedades nuevas.

      El tercer aspecto que me gustaría, como generalidad, mencionar aquí también es que en los temas de investigación o de ciencia, todos corremos el peligro de hacernos muy reduccionistas, en el sentido de que, claro, si estamos hablando de organismos o de seres humanos y estamos hablando de ADN pues hay quien puede tener la tentación de reducir el ser humano a lo que es su ADN. En definitiva la idea que me gustaría dejar aquí es que el reduccionismo en biología es peligroso, porque el todo biológico no es igual a la suma de las partes. Y esto también puede tener que ver cuando a veces en los laboratorios se ve la vida, o se ve el ser humano con ojos o criterios quizás demasiado reduccionistas.

      Hechos estos primeros planteamientos generales, voy a hacer algunas consideraciones desde el punto de vista biológico y genético sobre el desarrollo embrionario humano.

      Obviamente, el proceso de desarrollo se puede subdividir en una serie de etapas que, convencionalmente, por un lado tendríamos la etapa gameto – fecundación – cigoto; en segundo lugar otra etapa que sería cigoto – mórula – blastocisto – anidación (de ese blastocisto en las paredes del útero femenino); una tercera etapa sería la del final de la anidación hasta alcanzar el estado de feto; y una última etapa que sería ya desde feto hasta el nacimiento. Y esas etapas son situaciones biológicas diferentes, con consecuencias éticas y jurídicas también diferentes.

      Desde el punto de vista genético, a mí juicio, la etapa más crucial es la segunda, cigoto – mórula – blastocisto – anidación, porque afecta de lleno a lo que se ha venido a llamar el Estatuto del embrión, pues como diré dentro de un momento, en esa etapa es donde todavía se puede cuestionar la individualización del nuevo ser. Por consiguiente cuando hay personas que son partidarias de manipular embriones o de destruir embriones o de eliminar embriones congelados, etcétera, es que piensan que en esta etapa el Estatuto embrionario, como no está individualizado, no tiene una repercusión ética y por tanto una consecuencia también jurídica importante.

      Se ha discutido mucho, y obviamente el doctor Marcelo Palacios fue una de las personas implicadas en el tema, la cuestión diríamos terminológica, la cuestión de hablar de preembrión o hablar del embrión pre-implantatorio; en realidad ya desde el año ochenta y ocho en que ya se planteaban estas cosas cuando la ley de la reproducción asistida española y también con el informe Palacios, etcétera. En realidad yo quizás lo único que indico, un poco desde el punto de vista de consecuencias éticas que puedan tener estas cuestiones terminológicas, es que muchas veces el cambio de palabras implica cambios de actitudes y es evidente, y de esto se ha hablado muchas veces y por muchas personas, pues el mismo hecho de hablar de preembrión implica que si es una cosa “pre” y no es el embrión, por tanto quiere decir que no tiene el mismo Estatuto que si fuera el embrión y por tanto se puede manejar, manipular, etcétera. Otras personas pues piensan que es preferible, aunque se utilicen más palabras, el utilizar el término de embrión pre-implantatorio, o el embrión de dos células, o el de cuatro células, o de dieciséis células etcétera.

      Obviamente en la literatura, incluso jurídica, etcétera, internacional, ha habido tanto en Europa distintas comisiones que han utilizado una terminología u otra, y distintas legislaciones. Lo único que se trataría aquí de valorar es si realmente desde le punto de vista científico y ético un preembrión no es más que, como si fuera un cultivo celular, un montón de células humanas o si realmente en esas células hay ya una humanidad que hay que valorar desde el punto de vista ético.

      Decía antes que la etapa, desde el punto de vista genético, más importante en el desarrollo embrionario era desde la formación del cigoto hasta la terminación de la anidación y, lo decía porque cuando he mencionado antes que las dos preguntas fundamentales eran cuándo empieza una vida humana y la segunda era cuándo esa vida humana que ha comenzado y se puede decir que está individualizada, yo creo que desde el punto de vista genético y biológico nadie duda que la nueva vida, como vida humana nueva, aparecería en el momento de la fecundación, y lo de “momento” lo tendría que decir entre comillas por lo que he dicho de la continuidad del proceso, en el sentido de que, entonces es cuando en el cigoto se reúne una información genética que es producto de dos entidades distintas, que eran los dos gametos, y que aparece una tercera entidad, el tercium que se dice también me parece en algún documento jurídico, en el cual hay una información genética que es específicamente humana en el sentido de que si se le deja desarrollar no dará lugar ni a un manzano, ni a un elefante, sino que dará lugar a un organismo humano. Pero una vez dicho esto, la cuestión es lo que sucede después. Lo que sucede después es que se pueden producir dos fenómenos, diríamos biológicos, de desarrollo, que cuestionan la individualidad de ese cigoto y ese embrión que acaba de iniciar el desarrollo. Son las propiedades de unicidad, es decir, la propiedad de ser único e irrepetible desde el punto de vista genético y la propiedad de unidad, que es la propiedad de ser una sola cosa.

      El ser una sola cosa tiene que ver con lo que antes se ha mencionad, en la intervención del profesor Egozcue, con lo que son las quimeras. Entonces resulta que efectivamente pueden producirse quimeras, quimeras cigóticas o quimeras postcigóticas. Quimeras cigóticas entiendo que son -el profesor Egozcue se refería antes en la explicación- cuando resulta que se produce la doble fecundación, por ejemplo del ovocito y un cuerpo polar, y se fusionan y dan lugar a dos informaciones genéticas distintas que dan lugar a un individuo que tiene células con distinta información genética. O también podría ser que dos embriones en estado muy temprano, es decir, cuatro, ocho y dieciséis células, pudieran fusionarse, como se ha hecho por ejemplo artificialmente con ratones, y obtener, también como decía el profesor Egozcue, ratones que tienen cuatro padres y ratones que tienen seis padres, si son dos o tres los embriones que se fusionan. Pues bien, esa posibilidad de fusión puede realizarse hasta que en el desarrollo embrionario, el embrión ha empezado a formar lo que va a ser el sistema nervioso, es decir, cuando aparece la línea primitiva de la cresta neural. A partir de ese momento ya no sería viable la posibilidad de fusionar embriones. Ese momento ¿cuándo ocurre en el tiempo, el límite de esa posibilidad de fusión?, pues aproximadamente a los catorce días, a partir del momento de la fecundación que coincide también con el momento en el que termina la anidación. Lo mismo podría decirse con la otra propiedad anterior, la de la unicidad y que cuando se produce espontáneamente unos gemelos monocigóticos por división cigótica del embrión, esa división de un embrión para dar lugar a dos o tres o más si fuera el caso, gemelos monocigóticos, eso puede producirse también hasta el mismo momento, la misma etapa (los catorce días después de la fecundación) que es cuando empieza a formarse la cresta neural. Eso significaría que desde el punto de vista genético, la unicidad y la unidad no quedan definidos hasta el día decimocuarto a partir de la fecundación. Y creo que cuando en todo el mundo se habla de esos catorce días en todas partes lo que se viene aceptando es estos hechos respecto a las dos propiedades de unicidad y unidad que definen la individualidad de un individuo.

      Hay otra cuestión que hace unos años, desde el año noventa y cinco aproximadamente, lo he escrito en varias ocasiones tratando de que alguien me dé una explicación o una interpretación ética de lo que eso puede significar. Y es la propiedad o el concepto de “identidad” o “mismidad genética”. ¿Qué quiere decir esto? Os lo voy a tratar de explicar, pues para las personas que no pertenezcan a este mundo de la genética. Es la capacidad que tiene un individuo, un organismo, de reconocer lo que es suyo de lo que es extraño. Y esa capacidad, que tiene el organismo para reconocer lo suyo frente a lo extraño, viene definida por los genes que constituyen el sistema principal de histocompatibilidad, que en la especie humana se llama el sistema HLA. Entonces, todos nacemos con un genotipo determinado, incluido naturalmente lo que es nuestro sistema HLA, pero esto es algo como, diríamos en una comparación de lo que ocurre: cuando un ciudadano nace se inscribe en el registro civil y a esa persona, al cabo de un tiempo, se le da un documento de identidad. Entonces, en la comparación que estoy haciendo, la identidad o mismidad genética del individuo humano quedaría establecida en el momento en el que el primer gen del sistema HLA se expresara, porque es cuando hace efectiva su información genética que le permite distinguir lo que es suyo de cualquier otra molécula- antígeno extraña.

      Desde el punto de vista genético, como decía antes, esto siempre me ha llamado la atención. Lo he dicho en varias ocasiones tratando que alguien me diga si desde el punto de vista ético, filosófico, eso tendría algún significado; hasta ahora nadie me ha dicho nada al respecto, a lo mejor aquí tengo la suerte de que cualquiera de ustedes, del mundo de las humanidades, me digan algo de esto. Pero lo que sí es importante... también he preguntado qué datos hay sobre en qué momento se expresa el primer gen de ese sistema HLA , durante el desarrollo humano. Anecdóticamente diré que hace unos años coincidí en una reunión con el Premio Nobel que descubrió el sistema HLA, y le pregunté en una comida si me podía decir cuando en el desarrollo humano se expresa el primer gen de este sistema. Esto fue hace unos cuatro años y, no es por meterme con él, pero se me puso colorado como si fuera un alumno al que se le hace una pregunta que no sabe responder. Y efectivamente me dijo: no lo sé, porque una cosa es descubrir un sistema genético y otra poder decir cuándo esos genes empiezan a funcionar. He preguntado a inmunólogos, algunos profesores de la universidad a ver si me respondían esta cuestión. Y lo más que he conseguido es que me dijeran que parece ser que podría ocurrir entre la seis y las ocho semanas, depende, del desarrollo embrionario. Lo cual quería decir que la mismidad del individuo humano no está activa, estaba en potencia, no es actual hasta la sexta u octava semana de desarrollo. ¿Eso significa algo? Pues luego volveré a hacer referencia a ello.

      Otro aspecto que me parece importante, esto son ideas que no son mías, a mí me ha costado mucho, no iba a decir comprenderlas, no es esa la idea, sino lo que significa el raciocinio, el razonamiento que sobre este tema ha hecho el doctor Carlos Alonso Bedate sobre lo que es el desarrollo embrionario y la referencia al “término”, es decir, la referencia al individuo nacido, porque si todos aceptamos los valores éticos del individuo nacido, lo que él trata de hacer es comparar el desarrollo embrionario cuando, embriológicamente hablando, se podría decir que ese embrión es equiparable al “término”. Entonces, como es un, diríamos, planteamiento un poco difícil para mí lo voy a leer porque no me gustaría cometer inexactitudes. O sea, Alonso Bedate, en el año ochenta y nueve, razonaba que para que exista suficiente conexión física entre la realidad biológica, el embrión, definible en términos de inviolabilidad, y el “término” declarado como inviolable que es individuo nacido, el embrión debe de haber establecido en términos de potencia, a través de procesos de crecimiento celular y de diferenciación, el sistema de complejidad desde el término que reconocemos como persona. Y dice: durante los primeros estadios de división cada blastómero tiene la capacidad de dividirse y de originar por separado un blastocisto, pero llega un momento en que esa capacidad se pierde, deteniéndose la división y comenzando otro proceso totalmente distinto que es el proceso de diferenciación. A partir de cierto momento, el blastocisto se desarrolla en el útero con absoluta dependencia fisiológica de la madre, es el comienzo de la diferenciación embriónica. ¿qué información decide que un blastómero se desarrolle como trofoblasto, es decir, que va a dar lugar a la placenta, como membrana extraembriónica o como embrioblasto, que sería lo que luego daría lugar al individuo? A este respecto, es importante señalar que no puede decirse que los blastómeros, que dan lugar al trofoblasto o a las membranas extraembriónicas por razón de la posibilidad de haberse desarrollado en embriones completos hayan tenido un valor ético participativo del término, es decir, el individuo nacido. O que si lo hubieran tenido, lo habían perdido. Es decir, nunca han tenido la inviolabilidad propia del término. Entonces si esos blastómeros nunca han tenido la inviolabilidad del término, se plantea Alonso Bedate, ¿por qué los blastómeros que han de originar el embrioblasto sí que la tienen?

      Por otro lado, durante la tercera semana del desarrollo, de los días quince al decimoctavo, a partir de la fecundación se produce el proceso de gastrulación en el cual se forman las tres capas germinales, el ectodermo, el mesodermo, y el endodermo de las que derivaran los tejidos y órganos del futuro organismo. La gástrula “per sé” no posee toda la determinación del sistema con respecto al término, ni toda la información para la construcción del término. En la cuarta semana el embrión humano deja de tener las características generales de los vertebrados y empieza a ser reconocido morfológicamente como un embrión de mamífero. Según Alonso Bedate, el final de la cuarta semana representa un estado crucial para la valoración biológica y ética del embrión, puesto que adquiere el plano general del nuevo ser humano, representando un sistema en el que ya empieza a estar definido, aunque sea de forma todavía inicial, el término, es decir, el ser nacido. A partir de entonces se producen constantes modificaciones en la histogénesis, en la organogénesis, y morfogénesis del embrión humano, alcanzando al final de la octava semana un estadio de desarrollo tal que ya se han manifestado de forma primitiva casi todos los órganos del futuro ser nacido, permitiendo distinguir el embrión humano de otros embriones de primates, es decir, el embrión es reconocible como humano, embriológicamente hablando. A partir de ese momento comienza la etapa de desarrollo fetal. Según Alonso Bedate, desde el punto de vista biológico, la realidad que cumple mejor las características de potencia actual con relación al término, es decir, al individuo nacido, es el embrión de seis u ocho semanas. En ese estadio, como todos los órganos internos están diseñados con especialización histológica, las características externas están ya establecidas, el mecanismo neuromuscular iniciado y la diferenciación sexual histológica y organogénicamente dirigida, se puede decir que el sistema está diferenciado en origen y lo que resta es la actualización en crecimiento del proceso diferenciante del sistema. Y dice, desde ese momento y en adelante, la mayor parte de la información necesaria para finalizar el proceso ontogenético será de tipo general, capaz de conformar y de mantener el sistema, ya definido, que emerge con las complejidades propias del humano. Este es el razonamiento del comparativo embriológico vs. término que hace el doctor Alonso Bedate.

      Y en relación con esa disquisición embriológica, resulta que el análisis que hace el profesor Diego Gracia sobre el momento en el que el ser humano adquiere, diríamos para él la categoría humana, hace también un discurso dentro de la filosofía zubiriana, (él es, fue discípulo de Zubiri, yo creo que es el mejor interprete que ha tenido y tiene Zubiri) y entonces utiliza los conceptos de su maestro, de Zubiri, y también de Laín Entralgo, sobre estos temas.

      Y el año noventa y tres, el profesor Diego Gracia escribió un trabajo que se titulaba “Problemas filosóficos en genética y en embriología”, en el que resaltaba la importancia creciente que en el debate sobre el desarrollo embriológico humano está adquiriendo el concepto científico y filosófico de “constitución”. Dice Diego Gracia, los genes y el desarrollo como posturas contrapuestas de dos enfoques, enfoque genético y embriológico respectivamente, son posturas diferentes de la realidad humana, sin embargo convergen en el hecho de la “constitución” de una nueva realidad viva. Y deben ser entendidos solo como momento del proceso de “constitución”. De ahí que el concepto filosófico fundamental sea este, el de “constitución”, y no el de herencia genética o el de desarrollo morfofuncional. Por eso, insiste, la cuestión está en definir en que consiste la “constitución” de una realidad viva y cuándo acontece esa “constitución”.

      Dice el profesor Gracia, como yo indicaba antes, que Zubiri es el filósofo que ha estudiado el concepto de “constitución” con más detalle y por eso dice: “Zubiri define la realidad como un campo estructurado o una estructura clausurada de elementos o nota; cuando esa estructura es coherente alcanza la suficiencia constitucional, y por tanto la sustantividad”. Es decir, para Zubiri realidad es sustantividad, y sustantividad es suficiencia constitucional, de manera que el concepto de “constitución”, adquiere en la filosofía zubiriana un rango filosófico fundamental, por ello ni los genes ni los factores transgenéticos tiene sustantividad independiente mientras no constituyen el nuevo ser, es decir, hasta que no logran la suficiencia constitucional, puesto que si suficiencia constitucional no es realidad, las consecuencias éticas y jurídicas son enormemente importantes ya que lo que no es realidad, desde el punto de vista filosófico, no puede considerarse sujeto de derechos propios ni objeto de obligaciones ajenas. La cuestión fundamental, por tanto, que se plantea en este contexto filosófico es saber en qué momento del desarrollo se puede decir que la realidad humana está ya constituida.

      El profesor Gracia acepta las argumentaciones que antes he mencionado, de Alonso Bedate, o otros datos de tipo genético-biológicos como los aportados por Bierne, el año ochenta y ocho, diciendo que esos trabajos hace pensar que ese “cuando” debe de acontecer entorno a la octava semana del desarrollo, es decir en el tránsito entre la fase embrionaria y la fetal, en cuyo caso cabría decir que el embrión no tiene, en el rigor de los términos, el Estatuto ontológico propio de un ser humano porque carece de suficiencia constitucional y de sustantividad, en tanto que el feto sí lo tiene. Entonces, concluye Gracia, sí tendríamos y un individuo humano en sentido estricto, pero no antes.

      En el trabajo al que hago referencia del profesor Diego Gracia, termina diciendo que para Zubiri en sus últimos tiempos de vida, la suficiencia constitucional se adquiere en un momento del desarrollo embrionario que podría situarse, de acuerdo con los datos de la literatura científica, entorno a las ocho semanas. A partir de ese momento, por tanto, concluye, el feto tendría personalidad, es decir sería una persona.

      Ante este razonamiento filosófico que yo con mucho miedo he expuesto aquí, porque al no ser filósofo no voy a ser capaz de contestar a cualquier pregunta que a lo mejor se me pueda hacer, pero sí parece que basado en esos datos embriológicos y que acepta, como decía, que la realidad humana como suficiencia constitucional aparece a la octava semana, vuelvo a insistir aquí en lo que decía antes, la coincidencia del tiempo de lo que antes mencionaba de la identidad o mismidad genética en torno a las ocho semanas, con lo que embriológicamente y filosóficamente definen por un lado Alonso Bedate y por otro lado Diego Gracia. Y esto es lo que aporto, pues, con mucho miedo.


ACTAS Nº 3

GIJÓN (España), 7 y 8 de mayo de 1999